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| Su Obra | |||||||||
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| Foto | |||||||||
| Un
montón de zapatos bajo tanto cielo. Detrás el alambrado temblando en el aire tenso. En primer plano unos anteojos quebrados en el barro. Al dorso una fecha manuscrita: marzo 24, el año es ilegible, el país duele demasiado. |
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| Los
asesinos no viajan en subterráneo, sólo algunos criminales menores lo hacen. Los más perversos pasan fugazmente por la vía pública, sus mayordomos asustan a la gente, hacen muecas terribles con mínimo esfuerzo, señas incomprensibles con los brazos. A los asesinos mejores los caracteriza su calma calma, en lo peor de los alaridos beben mate con cáscara de naranja. Sólo si se les contradice pierden el aplomo, se les tuerce la boca, les hace guiños un ojo. Los asesinos son buenos padres de familia, cuidan el futuro de sus vástagos. Se apropian de una que otra pradera, montan tallercitos para construir buques mercantes, ferrocarriles, etcétera. (En esto de ser precavidos los asesinos superan a los pobres.) Los asesinos más ilustres ejecutan por la espalda, se enternecen con la prolijidad y adoran la buena mesa. A pedido de amigos extranjeros organizan maestros cataclismos, faraónicos complejos hidroeléctricos, guerras con países vecinos. Cuando no, secuestran presidentes en el aire. Ah los asesinos, gente distinguida. Dominan las reglas de urbanidad: cumplen órdenes de uno u otro amo con perfecto disimulo, hacen desaparecer limpiamente a los aguafiestas, asisten a encuentros deportivos. |
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| Ronda | |||||||||
| Bajo
los techos de zinc atronadores en la lluvia, en los cuartos pequeños con colchones o mantas sobre el suelo, en los pasajes estrechos con huellas humanas en el barro, allá, junto a los álamos que no cesan de crecer en la joven imprecisa luz del día todos cantan. En las fábricas, al pie de las máquinas fugazmente detenidas, en los trenes expreso relinchando en dirección al alba, en la región sin nombre donde moran aquellos a quienes no les fue permitido despedirse, en las palmas abiertas en los claros ojos en los corazones todos cantan. En el viento que inclina estas espigas, en los socavones profundos de las minas, en las avenidas que ellos mandan construir para eludir sus propios edificios, en las casas de salud donde practican la extracción de la piedra de la locura, en el eco de los pasos amados perdidos para siempre todos cantan, todos cantan. Todos cantan y yo también. |
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| Postal | |||||||||
| (Nunca
fue enviada) Embalse de Río Tercero, 22 de marzo de 1976 Querida Laura: el que está enfundado en todo ese perramus soy yo. Era malo el tiempo, por eso del Cerro de los Novios se ve sólo la bruma que lo cubre. Haber traído tu pequeña foto resultó remedio peor que la enfermedad, sin embargo no siento tantos deseos de verte como de escucharte. El que saca la lengua allá en el fondo es Miguelito; habíamos ido en el jeep hasta el dique viejo donde sabemos ver a los changuitos zambullirse en busca de monedas que los turistas arrojan desde el muro. De noche escucharnos radio; seguimos con ansiedad los acontecimientos. El trabajo en la central es muy pesado pero los domingos salimos a remar. En las islas todo da ganas de vivir: después de comer fumamos a la sombra y soñamos nadar en el interior de la iglesia sumergida. El cielo continúa tormentoso, mas no debes preocuparse por ello, ¿acaso no triunfaremos al fin los justos? La changa se acaba en abril, entonces volveremos a abrazarnos. Besa a los niños con el cariño de su padre. |
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| Ella | |||||||||
| Podría
respirar profundamente, podría mover con lentitud los dedos de la mano justo debajo del rayo lunar (él siempre prometió sellar la gotera por donde ahora penetra esta luz), podría hamacarse en la silla que ellos perdonaron haciéndola oscilar sobre las patas traseras, podría llorar o tararear la canción de moda, pero se mantiene en pie, ha levantado la tela que cuelga a modo de puerta y dirige su mirada hacia el fin de la noche. |
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| Ruina argentina | |||||||||
| Toda
la casa es una sola habitación. Carece de cobertura en puertas y ventanas. Las paredes tienen manchas de hongos y aún conservan restos secos de sangre. Los rayos de la linterna muestran una fotografía rasgada bajo el polvo. Es una pareja de novios a la puerta de un templo saludando a alguien fuera de cuadro. Sobre el suelo hay jirones de tela y trozos de loza. También un cuaderno con garabatos infantiles.
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| Vuelo | |||||||||
| El
hombre arrojado del avión al mar piensa aún en el aire que no está muerto quien pelea pese entonces ve el
país nada hincha el pecho
y ah no poder alcémonos que el hombre
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